Cada
uno de nosotros, en algún momento de nuestras vidas, buscamos sentir el hogar..
Con
hogar me refiero a lo que se siente en el corazón al estar con alguien que te
hace sentir a salvo, pleno, seguro, con quien puedes ser tu mismo en esencia,
sin cambiar nada, donde no hay conflictos, donde todo fluye, donde te puedes
sentar sin decir nada diciéndolo todo. Donde puedes reírte a tus anchas sin que
te pidan que te calles.
El
hogar no es ese alguien que te da un ratito de placer para después sentirte
vacío.
Hace
poco, alguien me hizo reflexionar sobre este tema. Esta persona a la que quiero
como mi ángel personal me dijo que uno debe estar perfectamente bien con uno
mismo para que el corazón se abra a la persona correcta e indicada. Fue como
una dulce cachetada.
Si
tú estás mal contigo mismo, con baja autoestima, con búsquedas desesperadas por
encontrarte y todas esas cosas y además buscando a alguien que llene ese vacío
que tienes por dentro, lo que vas a conseguir es un simple espejo. Si, un
espejo, un reflejo de ti mismo, una muestra de lo mal que estás o de lo que no
quieres para ti.
¿Qué
pasará? Obviamente no te va a gustar lo que ves y se producirá un caos
emocional. Se llenará tu mente de miles de ¿Por qué?. Simplemente respira y
¡abre los ojos!
En
ese momento tendrás dos opciones: o darte cuenta y trabajar contigo o simplemente
seguir igual.
El
trabajo sobre tu bienestar será directamente proporcional a las personas que
entran en tu vida.
Si
te sientes mal contigo mismo, si crees que no eres exitoso o que eres un
verdadero desastre, las posibles parejas que vendrán, serán así. ¡Tu espejo! Si
eres de esas personas que se la pasan quejándose porque no consiguen a la
persona indicada, es tiempo de revisar lo que pasa contigo.
Vivo
viendo personas que se quejan de los hombres o mujeres que consiguen: “Es que
no son caballeros”, “es que son unas chulas”, “es que solo me quieren para
acostarse conmigo”, “es que no me llenan”, “es que son muy pendejos”, “es que es
que es que”.. Es que el problema aquí no son ellos, ¡ERES TÚ!
Siempre
he pensado que nada viene a tu vida por casualidad, que las cosas que pasan y
las personas que entran, llegan para hacernos aprender… Sobretodo si esas
personas no se quedan contigo. Todo esto te ayuda a crecer y a darte cuenta de
miles de cosas.
Solo
es cuestión de abrir la mente y el alma para recibir lo bueno y desechar lo
malo. Es tan simple como que a veces, esa persona que queremos para nosotros
está a nuestro lado y no la vemos…

